NOSOTROS SOMOS LA FAMILIA MILEÑO.

La familia Mileño, es una familia bien formada, tiene una estirpe y una larga historia, pero no te vamos a aburrir con ella a menos que nos pidas que alarguemos el relato más allá de lo que ya te estamos dando.

Los Mileño son escritores desde hace un rato, aquí puedes encontrar a tres, de los menos ilustres, ya que se dedican a entretenerse, algunos tocando el flautín, como el del pastor, ay, ay, ay, canta así; otros prefieren agarrar el pincel y hacer memes con él y otros más hacen trabajos artesanales para pasar el rato cuando no escriben.

Historia de la familia Mileño

No siempre se apellidaron Mileño, cabe hacer la aclaración, en realidad la familia cambió su apellido en los años ‘10 del siglo XX, todo por un pelito que tuvo el abuelo, que tuvo la maravillosa idea de darnos el apellido Mileño para pasar a la posteridad en la mejor posición posible.

México se encontraba sumido en plena Revolución cuando el Abuelo se vio envuelto en una pelea terrible en una cantina de la ciudad México, todo comenzó porque Pancho Villa pidió una malteada de fresa y lo único que tenía el cantinero para ofrecer como algo parecido era arroz con leche. 

No vaya a pensar el lector que el desafortunado cantinero era el abuelo, él más bien fue testigo de la trifulca que se armó, porque a raíz de las discrepancias sobre el modo en que el General Villa debía tomar su arroz, el abuelo se atacó de la risa y eso no fue nada atinado.

A decir verdad, Villa ni cuenta se dio de la risa del abuelo, pero a sabiendas de que el General afusilba y después averiguaba, el abuelo se vio en la necesidad de migrar de la Ciudad de México y se fue al estado de Michoacán, la tierra de los aguacates.

Toma Montejo como apellido

En Michoacán, cerca de Nueva Italia, el abuelo se encontró con una familia procedente de Milán, la más bella de las muchachas se convertiría en la abuela, pero el joven enamorado no tenía cómo impresionar a los extranjeros para que le concedieran la mano de la doncella.

Así que decidió inventarse un nombre y adquirir algunas propiedades, aunque fueran sólo de nombre, a decir verdad no le fue difícil, engañar a los milaneses, ya que algunas de las haciendas habían sido abandonadas a raíz de los conflictos, así que a escondidas llegó como buen paracaidista y se adueñó de un casco viejo de hacienda y de alguna que otra parcela.

Ya tenía las tierras arrebatadas a punta de pistola, no había sido el abuelo quien había disparado, pero entre la confusión que reinaba entonces ¿quién iba a notarlo? Nadie, ahora necesitaba un apellido que sonara culto y distinguido, así que decidió llamarse Montejo.

Como Montejo logró casarse con la muchacha de Milán, tuvieron tres hijos, pero pasada la Revolución, regresó el que se había adueñado a punta de pistola de los terrenos que para su sorpresa ahora habitaba un tal Montejo.

Ahora toma como apellido Milanés

El Sr. Montejo se enteró de que lo buscaban y creyéndose perseguido confesó sus faltas a su mujer, quien le sugirió que se fueran de la tierra de los aguacates para buscar fortuna en otros lares.

La familia Montejo necesitaba irse, lograron llegar a la tierra del limón, y después de mucho meditar y de pensar en sus andanzas, la abuela y el abuelo consideraron prudente dejar de ser Montejo, así que ni tardos ni perezosos decidieron hacer honor a la ascendencia de la abuela y apellidarse Milanés, pues ella era de Milán.

La familia Milanés se estableció en Colima y dejaron los aguacates para cambiarlos por unos limones, todo estaba bien, hasta que al abuelo le dio por dedicarse a las peleas de gallos y andar de palenque en palenque.

Se empezó a meter con las caneleras que iban de pueblo en pueblo y que cantaban muy bien las rancheras, la suerte del abuelo lo llevó a ser objeto de discusiones y peleas, así que decidió migrar, pero esta vez a tierras menos calientes y menos fiesteras.

«El Mileño» y el origen del apellido Mileño

Como los Milanés se parecían más a la abuela fue más fácil pensar en un apellido que tomara en cuenta el origen de la familia tan distinguida por haber presenciado tantas cosas, así que en un intento por no ser encontrado más que por sus amigos de apuestas, el abuelo Milanés dejó ese nombre para tomar el apodo que tenía «El Mileño», porque él como originario de Milán se asumía.

Entre tanto cambiadero de apellido, de nombres y tanta cosa, la abuela decidió que la familia llevaría consigo siempre el apellido que al menos contaba algo de la historia de la familia y como la costumbre en su tierra es mantener el abolengo ahora todos nosotros nos apellidamos Mileño.

Mama Mileño

Mamá tuvo que tomar el apellido de mi padre para que nosotros heredemos lo que quedó de los aguacates y de los limones del abuelo, como dejamos de lado nuestra larga ascendencia italiana, ella siempre firma como Mama Mileño, para que lo pronunciación suene entre Italiana y Españolada.

Sebastián y Rosa Mileño

Los demás escribanos de este medio somos Sebastián, a quien de cariño le dicen Sobas porque de chiquito no podía pronunciar su nombre y Rosa, quien hace guacamole cada vez que puede, mientras cuenta la historia del distinguido abuelo que pasó de ser un Don Nadie a ser el origen de los afamados Mileño.

A veces colaboran los primos, porque siendo de la familia se arriman cuando pueden y nosotros los recibimos con malteada y arroz, porque somos buenos anfitriones y no queremos que nuestra familia pase a la historia como unos huele moles.